Esto es mi prosa escrita en verso, nunca poesía.

Querer el sentimiento de ser viceversa cada vez que me acaricias la espalda mientras duermo.

Suplicar en cada atardecer sin sol que vuelvas,

tres años tarde.

Querer retroceder en el tiempo con las alas que jamás me diste,

revolverte entre mis brazos como si fueses primavera

en un pasado alterado.

Retroceder para recomponerme todos los pedazos rotos de tus sueños, que alguna vez fueron los nuestros.

Admiración del pasado con perspectiva de futuro y jamás de presente,

melancolía de observación de la piel liviana y tersa, como la mirada de alguien que observa lo que siempre ha querido a su lado.

Escrituras de notas en libretas que se quedan olvidadas en los trenes de países que no son míos.

Posesiones preciadas que se llevan las olas del mar cada domingo de mes.

Miedo a pedirte que me guardes como guardarías la cosa más pequeña del mundo.

Sentimiento de culpabilidad al relamer una gota de lluvia entre los labios,

sin ser lágrimas saladas.

Reponer cada palabra que (me) (nos) dijiste sin saber cuál sería la respuesta. El verbo acariciar en nombre, el meter el puño en una taza de té ardiendo para sentir que algo duele más

que

tú.

Darte cuenta de que tú ya no dueles, que lo que me duele soy yo -a mí misma-

Que no te importe triunfar

acompañada de recuerdos,

ni si quiera con tu propia compañía:

Pues ya no existes, como París, como Grecia, como Roma, como la luz, como el sonido acústico, como el vaho de las ventanas de los vagones de tren o las gotas de lluvia cayendo en dirección contraria -ascendiendo-;

jamás has existido

desde hace lustro y medio.

Anuncios