problemas matemáticos.

¿Cuál es la verdad de estos besos de alambre, de estas grietas interminables que no cicatrizan ni si quiera tarde?

¿Es acaso este sol de domingo el que me impide no pensarte con asco e incomprensión?

Yo también he sido dos. He vivido en dos vidas, siendo parte persona y otra personaje. El problema reside en que no sé cuánto de ti es persona cuando está conmigo, ni cuánto personaje cuando están otras. Y viceversa.

¿Es esta margarita en el meñique la única superviviente al final del verano, del camino? ¿Soy yo tan pared resquebrajada llena de colores esparcidos aleatoriamente sobre mis deseos? 

No soy suficiente. No llego.

Tú no terminas de llegar y son todo cuerpos flotando en mares salados.

Ahora recuerdo aquel sueño en el que fui diosa saliendo de la playa desnuda, mientras tú me mirabas desde la orilla y no veías. Sólo me mirabas. Contemplabas.

Quiero creer que la fortaleza es un cúmulo de sensaciones malas -aprendizajes- y dulzura convertida en un par de días en cristal.

No soy frágil. No me rompo.

Pero miento un montón, sobre todo cuando siento que, en todo este tiempo, no te importo. 

Ojalá algún día -que para nada sea lo más parecido a un “nunca”- el riesgo quiera coger tus riendas y me disfrutes como si fuese única. La única. Quitando el “como” y verbalizando el “te quiero, sin posesiones, sin aprisionamientos” pero siendo yo suficiente. Y no un igual que el resto, decorado con flores.

No merezco el castigo, así no es divertido si me siento sucia. ¿Es acaso muestra de algoritmos la mañana en la que me pides verte porque no he pasado la noche contigo?

 Yo nunca he sabido de matemáticas, y todos los problemas de tú + yo equivale a cualquiernumeroquenosea2 los he acumulado en la basura. 

Pero el último lo he dejado encima de la mesa de mi escritorio, no te he tirado. No en tantos días. 

Pero, aunque sé que está bien formulado, me he asegurado el suspenso, y quiero verte a mi lado de nuevo.

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Al rato.

No siempre volver a casa es refugio

Ni el calor de Madrid pared blanca,

Me atrae la idea de atardecer 

Atendiendo a los horarios de despedidas.

Despeinada despierto después de un recuerdo,

Y al rato

Aunque no te quiero 

No me cabe un siglo sin tu riesgo,

Y te ruego.