Qué atropello a la razón.

Quise arrancar pedazos de noche

depositarlos en tu parabrisas

Y beberme tu sed.

Apocalipsis de palabras

retrocedían el paraíso.

Sin cariño,

los recuerdos de infancia

ralentizaron mi insomnio.

La inadecuada pulsión me mantuvo endeble.

La radio escupió en la cercanía del adiós instintos animales.

La pausamos.

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